Y no fué porque no le quisieramos en el coche (que también), o porque le olieran los piés (que también), o porque ya habíamos logrado todo de cuanto él queríamos (que también) sin conseguir él nada más que puñaladas (que también). Y a pesar de todo esto, nos gustaba, nos gustaba mucho. Bueno, quizás no tanto, tampoco era Robespierre como para tirar campanas al vuelo, que además luego caen, y se rompen o hacen daño.
Robespierre murió en ValTorens. Murió consumido por la agonía de los que lo rodeaban. Murió destrozado por las palizas que le metíamos. Murió sin pronunciar palabra alguna de queja por el trato. Creo que era feliz aún siendo el objeto de nuestros más básicos instintos. Murió cuando aún agonizaba, enterrado cruelmente por nosotros en la nieve de una de las plazas del pueblo-estación.
Hicimos unas fotos donde le demostrabamos nuestro dolor, falsamente, antes de enterrarlo a traición. Colgaría estas fotos, pero el MOÑARDÓN de Torette aún no las ha pasado, como prueba del tremendo y cruel crímen que durante una semana todos cometimos.
Pero en este momento, desde estas líneas, quiero elevarte, Robespierre, allí donde estés, una oración, mi más sentido pésame, y mi tremendo y profundo arrepentimiento... ME ARREPIENTO, ROBESPIERRE, ME ARREPIENTO POR NO HABERTE CERCENADO HASTA EL HUESO, DEJANDO CARNE EN TU CADAVER, QUE LOS PERROS COMERÁN CON MENOS CONGOJO QUE EL QUE MERECES EL DÍA QUE TE ENCUENTREN.
In memoriam, Robespierre.Siempre te llevaré en la memória (o no)
Atentamente: Arkasha.
(Nota: si el TOLAY de torette se digna a pasar las fotos, colgaré las fotos adecuadas)
A todo esto, no hubo recuerdo de los gayones de París, los cuales sí tienen fotos: